Brahma es el dios creador y Vishnú el conservador de su creación: la vida. Sin embargo, todo lo que nace, muere, y la destrucción de las cosas es fuente de creación. Y para que esta creación permanezca y se renueve, hace falta un dios que la destruya, pero uno que no destruya demasiado. Los brahmanes (sacerdotes) encontraron la divinidad que llevaría a cabo esta tarea: Shiva.

Trimurti: Brahma, Visnú, Shiva

Trimurti: Brahma, Visnú, Shiva

No lo inventaron realmente, porque ya existía con el nombre de Rudra. En el panteón de la sociedad aria no había apenas espacio para él. Era un dios terrible, y nadie osaba pronunciar el nombre de Rudra por miedo a desencadenar su ira.

Cuando nació, Rudra lloraba a lágrima viva. Su padre le preguntó la razón. «¡No me has dado un nombre!». Entonces su padre le puso Rudra, que significa «el que llora». A su vez, Rudra hacía llorar a los hombres. Para ablandarlo se le dio un sobre nombre: Rudra-Shiva, Rudra el Benéfico, pues cuando soñaba, dejaba al mundo en paz. Después, sus fieles le llamaron solamente Shiva.

Shiva el bienamado

Shiva no heredó el carácter ruin de Rudra. Benévolo y pacífico, hoy es el dios al que adora la gente sencilla, que le ha dado mil ocho nombres: Coronado de Luna, Cuello Azul, Portador de Cráneos, Rey de la Danza, etc. Es el dios preferido de los yoguis y los ascetas, quienes se esfuerzan por parecérsele.

Shiva

Shiva

 

Atractivo físicamente, a Shiva se le representa a menudo meditando, sentado sobre una piel d tigre. Sobre su frente adornada con una luna creciente, tiene un tercer ojo que quema todo lo que se le interponga. De su cabello revuelto y recogido en un moño en la coronilla, brotan, blancas como la leche, las aguas purificadoras del Ganges, de las que se apoderó cuando caían del cielo. En el cuello, que es azul por haberse tragado el veneno con el que los demonios querían destruir el mundo, lleva un collar de calaveras entremezcladas con serpientes. Su cuerpo es de una blancura extrema a causa de las cenizas con las que se cubre. Va vestido con una piel de tigre.

Sus cuatro brazos representan las cuatro direcciones del espacio. En dos de sus manos sostiene el tridente y un hacha. Con las otras dos hace el gesto de dar y de alejar el temor. Para ayudar a los dioses va a menudo armado con un arco, una maza guarnecida con una calavera, o un cordel para atar a los que le han ofendido. Con un tambor en forma de reloj de arena marca el ritmo de su danza cósmica mientras aplasta con su pie derecho al espantoso enano Mulayaka, que atiza las pasiones que hacen sufrir a los hombres.

Se dice que Shiva Nataraja, el señor de la danza, bailará hasta el fin de la cuarta era, la de la ignorancia.

Shiva, dios de la danza

Shiva, dios de la danza

 

Shiva es un asceta al que no le gusta que le molesten. Su morada está en el Himalaya, sobre el monte Kailash. A su lado se sienta su esposa Parvati y sus servidores, casi todos demonios. Cerca de él se halla su transporte, el toro blanco Nandi, guardián de todos los mamíferos.

Shiva y su esposa Parvati

Shiva y su esposa Parvati

 

Shiva es el comienzo y el fin de todas las cosas. Está en todas partes y se encuentra además en ninguna. Adopta las formas más diversas, a veces mitad hombre y mitad mujer. Su forma más común es el lingamShiva también simboliza la quietud y el movimiento. La quietud habla de la paz y el equilibrio en el interior de todo, en el centro. El movimiento intenso, en ocasiones representado por su cabello ondeando en todas las direcciones, muestra la furia y vigor que llenan el universo.  El baile y el bailarín son uno solo.

Según la leyenda, algunos enemigos deseaban destruir a Shiva. Enviaron  al enano Mulayaka,  llamado el diablo del olvido y encarnación del mal. Para combatirlo, Shiva inició su danza cósmica, subyugando al demonio y liberando al mundo. Shiva salta sobre el enano y le aplasta la espalda con un pie. Esta es la pose de Shiva Nataraja que tiene tanto significado. Esa pose simboliza las actividades divinas de Dios.

 

Fuente: fragmento del libro «Los orígenes del mundo, Mitología India» -Jean Charles Blanc-  y otras fuentes.